
13.2.07
¿Qué es la coquetería?

8.2.07
Jamsa

En algunos países recibe el nombre de mano de Fátima, en alusión a Fátima az-Zahra, hija de Mahoma, y a veces ojo de Fátima, debido a que algunas versiones del símbolo incluyen un ojo. Los judíos, por su parte, con frecuencia lo llaman mano de Miriam (hermana de Moisés y Aarón) o mano cinco. La forma más extendida del símbolo es la de una mano simétrica: el dedo corazón en el centro, a sus lados el anular y el índice, un poco más cortos que el corazón e iguales entre sí, y en los extremos dos pulgares, también del mismo tamaño y algo curvados hacia afuera. A veces contiene otros símbolos, como inscripciones de carácter religioso, estrellas de David , ojos y otros elementos destinados a aumentar su poder. Típicamente aparece en forma de amuleto (pendientes, colgantes, etc.), en las puertas de las casas (a veces como aldabón), en coches y otros lugares.
Los musulmanes a menudo establecen una relación entre los cinco dedos de la mano y los cinco pilares del Islam (fe, caridad, ayuno, oración y peregrinación)
, mientras que los judíos hacen lo propio con los cinco libros de la Torá. El símbolo, sin embargo, no tiene relación alguna con el Islam. De hecho, una interpretación rigorista desaconsejaría su, a pesar de todo, extendido uso, ya que el Corán prohíbe los amuletos y la superstición en general. La jamsa la usaban ya los púnicos, quienes la asociaban con la diosa Tanit, y es probable que sea aún más antigua.Algunas organizaciones que trabajan por la paz en Oriente Medio
han adoptado la jamsa como símbolo de las similaridades culturales existentes entre musulmanes y judíos.Prólogo de un dilema

Tampoco me considero un turista. Creo que ser turista o viajero es una cuestión de ideología, de la forma en que uno se toma la vida y los viajes en particular. Y yo estoy enamorada de la idea de cazar la mochila y salir a descubir culturas, experiencias, personas, historias, dejando siempre abiertos los sentidos a ver que hay a la vuelta de esa esquina. Es que cuando uno es viajero, se relaja, se sensibiliza, trata de llenar el espíritu con lo que está viviendo. Esa sensación de armonia con el entorno, en la que uno se siente completamente parte de no sé muy bien qué, es la que justifica el trayecto. Otro rasgo de ser viajero es no viajar en grupos, porque los viajeros necesitamos vivir cada lugar en los tiempos que sentimos que el lugar se merece y la vara que mide eso es absolutamente subjetiva e inentendible al juicio ajeno. pero lo que nos pasa a nosotros, los pobres esclavos de la vida cotidiana y del trabajo, es que los tiempos que desearíamos tener para viajar no los tenemos y tenemos que conformarnos con lo que se puede... y es tan extenso y rebosante de cosas maravillosas un país para recorrerlo sólo en tres semanas...
Por eso creo que estoy en el medio entre ese viajero sin rumbo y el turista de pack 15 países en 4 días. Tengo la voracidad del turista por verlo todo en poco tiempo, de no perderme los imperdibles, pero también quiero ver "eso otro" y caminar donde el camino me lleve, encontrarme en lugares impensados y equilibrame con mi yo interior que no deja de agradecerme el momento.
Viajando uno crece, se enaltece, se vuelve más solidario y respetuoso; porque descubre fehacientemente que las realidades son diversas, que las visiones infinitas, que al final de cuentas todo el mundo tiene razón, que nadie es mejor que nadie.
Y cuando tomás conciencia, como viajero varado, te volvés a colgar pensando en "¡qué grande es el mundo!", cuántos lugares te faltan conocer, lo rápido que se pasan los años... y entonces empezas a calcular "si hago 2 países por año... mmm ... deberían ser tres..." y decis "la puta! ya tengo 30, qué rápido se pasa" Pero la realidad es que lo que sobran son las ganas de viajar y lo que nunca alcanza es la plata. Pero igualmente uno se las rebusca, porque viajar no es una cuestion de dinero sino de prioridades.
6.2.07
Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre

Entre los casos está el de un matrimonio que quedó disuelto porque el marido era demasiado mammone , es decir, tenía una dependencia de la madre tan fuerte que le impedía autonomía, autodeterminación y capacidad de tomar decisiones solo.
Otro, en cambio, terminó anulado, al menos en primera instancia, porque ella, que fumaba como un escuerzo y antes de casarse le había prometido a él, defensor de la vida sana, que iba a dejar su vicio, tras las nupcias no sólo no dejó de fumar, sino que pasó de un paquete y medio de cigarrillos por día a dos .
También fue motivo de disolución del vínculo el hecho de que una esposa, que de novia era muy seductora y estaba siempre arreglada, después de tener a su primer bebe cambió abruptamente. De los zapatos con taco aguja pasó a deambular en bata y despeinada por la casa, a tener argumentos de conversación poco interesantes y noches poco lujuriosas. "Es como si me hubiera casado con una extraña", adujo el marido al presentar su solicitud de nulidad, dando rienda suelta a quejas más que comunes a la mayoría de los maridos de todo el mundo. El tribunal eclesiástico accedió al pedido y decretó la nulidad por "repentino y sustancial cambio de carácter" o "engaño".
Un caso parecido fue el de una pareja que contrajo nupcias siendo ella una licenciada universitaria con trabajo, mientras él estaba desempleado, metido de lleno en el último año de sus estudios superiores. Ella sugirió que era mejor postergar la boda hasta que él consiguiera título y empleo. Pero el novio, muerto de miedo de perderla, la convenció de que terminaría la carrera en un mes, por lo que se casaron. El marido, luego, dejó la universidad, fingió haberse recibido -hasta dio una fiesta para celebrarlo- y le hizo creer que había obtenido un trabajo, gastándose los ahorros para que su mujer creyera que ganaba un sueldo. Cuando la esposa se desayunó con la verdad, sintiéndose engañada, acudió al tribunal eclesiástico y obtuvo la nulidad.
En otro caso, una pareja de obreros de la región del Veneto se casó porque el abuelo de la esposa, muy religioso, sufría porque ellos convivían, y entonces les había prometido: "Si se casan por iglesia, les regalo un mes de vacaciones en Estados Unidos". Tras la fantástica luna de miel, y, más tarde, el naufragio del matrimonio, ellos obtuvieron la nulidad por inmadurez, uno de los principales motivos de anulación por parte de los tribunales eclesiásticos.
31.1.07
"Einmal ist keinmal"

¿Es mejor estar con Teresa o quedarme solo?
No existe posibilidad alguna de comprobar cuál de las desiciones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero ¿qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero nisiquiera boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la prepraración para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro.
"Einmal ist keinmal", repite Tomás para sí el proverbio alemám. Lo que sólo ocurre una vez es como si no ocurriera nunca. Si el hombre sólo puede vivir una vida es como si no viviese en absoluto.
30.1.07
llamador de ángeles
8.1.07
27.12.06
Calle melancolía

Como quien viaja a lomos de una yegua sombría,
22.12.06
Un mimo de nuestro vecino poeta
la quinta pata de la mesa,
la quinta pata de algún gato,
aunque no se haga ningún trato
lo mismo la Naturaleza
le pone fin al celibato
o a la comida de una alteza.
Hay una sola moraleja:
se toma Terma o se la deja.
(lo mismo la Naturaleza
en esta calle Lavalleja
les dice: "Muy feliz provecho
aunque todo esté mal hecho.)
Julio Requena
14.12.06
12.12.06
¿Te gustaría comprar arte?

"Mercado, un paraíso abierto a todo el mundo, un mundo de tentaciones honestas, deliciosas , siempre renovadas y a menudo sorprendentes... algo así como la vida."
Como en todo mercado, en éste hay de todo: talento, creatividad, energía, magia. Obras minúsculas, otras no tanto, obras de pequeño y mediano formato. Pintura, escultura, dibujo, fotografía, objetos, cerámica, resina, orfebrería. Instalaciones, intervenciones teatrales, música en vivo, gastronomía.
más info en: www.mercadonegrodearte.blogspot.com
1.11.06
3.10.06
Atentado contra la burguesía
El Frente de Liberación de los Enanos de Jardín atacó una vez más en el centro de Francia.

La organización, que secuestra los clásicos gnomos de yeso para liberarlos de "los jardincitos de las clases altas", depositó casi un centenar de réplicas en el patio de un colegio. La policía confirmó que, por el modus operandi, se trató de una nueva ofensiva de la agrupación. Las estatuas fueron secuestradas en los jardines de Francia por un comando.
El patio del colegio Ventadour, en Limoges, al centro de Francia, apareció el martes con casi noventa enanos de jardín apostados en su predio. La policía local informó que la escena se trata de una nueva acción del Frente de Liberación de los Enanos de Jardín (FLEJ), organización que se adjudicó el singular atentado.
Las pequeñas estatuas, 86 en total, fueron secuestradas de varios jardines de esa localidad y también otras comunidades vecinas, por los miembros del Frente. La organización reivindicó su acción en una carta depositada junto a las estatuas donde figura también las direcciones de las cuales fueron capturadas.
De esta manera, los miembros de la peculiar organización permitirán a los dueños de los enanos reclamarlos en la comisaría de Limoges. El FLEJ ya se adjudicó otros atentados de estas características. Se trata de una organización que lucha por la liberación de los enanos de jardín, a los que –argumentan– se priva de la libertad para adornar “los jardincitos de las clases altas, de personas que han copiado el modo de vida europeo y la forma de adornar el jardín con esa reprobable acción de colocar enanos, de igual manera copiamos nosotros la idea de liberar a nuestros amigos: los enanos de jardín”.
21.9.06
14.9.06
5.9.06
EL MATE QUE TOMAMOS JUNTOS

El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca. Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed. Es más bien una costumbre, como rascarse. El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.
Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es hola" y la segunda "¿unos mates?". Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres. Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros. Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan.
Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara. Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar. En verano y en invierno. Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos y los malos.
Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo. Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.
Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza: "¿Dulce o amargo?". El otro responde: "Como tomes vos".
Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba.
La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da. La yerba no se le niega a nadie.
Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular. Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres. Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos. No es casualidad. No es porque sí. El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma. O está muerto de miedo, o está muerto de amor, o algo: pero no es un día cualquiera. Ninguno de nosotros nos acordamos del día en que tomamos por primera vez un mate solo. Pero debe haber sido un día importante para cada uno. Por adentro hay revoluciones.
El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores... Es la solidaridad de bancar esos! mates lavados porque la charla es buena. La charla, no el mate. Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá la yerba!". Es el compañerismo hecho momento. Es la sensibilidad al agua hirviendo. Es el cariño para preguntar, estúpidamente, "¿está caliente, no?". Es la modestia de quien ceba el mejor mate. Es la generosidad de dar hasta el final. Es la hospitalidad de la invitación. Es la justicia de uno por uno. Es la obligación de decir "gracias", al menos una vez al día. Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir.
1.9.06
Siguiendo un par de babuches amarillos

Me bajé del taxi e ingresé a un cuento de “Las mil y una noches”. Llegué a un gran hall en penumbras. A los lados, grandes tapices colgados de los muros, alfombras de diferentes tamaños, colores y texturas, apiladas o bien enrolladas en los rincones. Un hombre moreno se acercó y me habló en árabe, le respondí en francés que tenía una reserva; se marchó y volvió con una gran llave. La luz se colaba tímidamente por los vitreaux superiores, caminamos tranquilamente hacia el fondo del salón, y atravesamos un verdadero laberinto no apto para novatos; tuvimos que enroscarnos en estrechas escaleras, recorrer pasillos y cargados salones, volver a subir escaleras; pero finalmente al llegar a mi habitación quedé fascinada por el trabajo de los mejores artesanos del mundo: los marroquíes.
Traspasé la puerta y empecé a caminar por apretados pasajes, entre el gentío que se agolpa, que se mueve, que hace latir la vida al interior de la medina más antigua del mundo musulmán, la de Fez. Curioseando, con ojos gigantes que no alcanzan a asimilar todo; uno se pregunta cómo hacen para convivir 35.000 personas en un espacio tan reducido. Los recovecos invitan, las puertas seducen, los zocos ostentan; el escenario es voluptuoso, con olores intensos, con gente intensa que grita, canta, negocia... vive. Y hay que ir atento, a los burros cargados que te rozan porque no hay espacio suficiente para ambos, a los hombres con fardos más grandes que ellos mismos. Atento a no perder el rumbo, perderse uno, perderse los detalles, los instantes, los rostros; porque a pesar de que ese lugar lleva ahí cientos de años, cada expresión, cada paso que se da en el interior de ese universo fuera del tiempo, es efímero.
Como hipnotizada, me encontré siguiendo a un par de babuches amarillos bajo una túnica blanca. El sol del mediodía me obligaba a fruncir el seño. El aire cambió y empecé a sentir el sonido del viento. Lo seguí por un sendero con aroma a campo entre árboles de argán. De pronto se sintió un violín, luego un tambor que lo acompañaba, una pandereta y más tambores y más violines... Alguien empezó a cantar, era una voz masculina, todos le respondieron. El ritmo era atrapante, eran todos hombres sentados en ronda, como abstraídos en otro mundo. El repique de los tambores era cada vez más intenso, algunos se pararon y empezaron a bailar tomados de las manos, uno al lado del otro, balanceándose mientras cantaban. Me saqué las sandalias y me inserté en su cosmos, me tomaron de las manos y también bailé. En ese momento Alá estaba entre nosotros, también bailando, porque todos lo invocaban, porque era una fiesta en su honor, porque era el inicio del verano y había que festejarlo. Seguíamos balanceándonos de un lado a otro, luego los tambores cesaron y nos quedamos con una energía en las manos capaz de mover el mundo. Me calcé nuevamente y con el espíritu contento busqué un lugar en las alfombras que cubrían el pasto y me senté entre robustos almohadones.
Una mano se me acercó ofreciéndome un vaso de té a la menta, levanté la vista y lo vi; me llamaron poderosamente la atención sus ojos negros penetrantes entre pestañas larguísimas y arqueadas. Acepté el vaso y se sentó a mi lado diciendo “Soy Abderrafi, encantado”. Le sonreí y empezamos a charlar; era productor de vino gris. “¿Vino gris?”, le pregunté. “Sí es el único lugar en el mundo donde se produce, es entre un blanco y un rosado”, me dijo “te va a encantar, tenés que probarlo”. Era el comienzo del atardecer, la luz se volvía naranja y el aire más fresco, me sentía relajada y me dormí.
Desperté en un acogedor carro tirado a caballo, Abderrafi venía sentado al frente, no sé cuanto tiempo pasó ni en que momento llegamos a Marrakech. El carro se detuvo en la plaza Bahr el Fna, bajé y él me siguió. La gente pululaba entre encantadores de serpientes, adivinas, monos danzarines y carros de comida. Una mujer totalmente cubierta se me acercó y me ofreció un tatuaje en henna, sólo se le veían los ojos cuidadosamente pintados con khol que le daban un halo de misterio. Su mirada me había dejado perpleja, cuántos secretos guardaría, cuánto sabría de la vida... un escalofrío me recorrió la espalda. Busqué a Rafi entre la gente, lo vi en la entrada del mercado, caminé hacia él, “tengo hambre”, le dije. Me tomó de la mano e ingresamos. Pasaba de una sensación a otra, los colores me atrapaban, los olores condensados en la penumbra de los zocos me hechizaban, yo iba fascinada tratando de adivinar como era la vida de esas personas. Rafi se movía con la destreza de quien pasó toda su vida en ese entorno, yo quería entrar y ver, charlar, negociar y partir de nuevo. “¿Cuánto cuesta esa chicha? Mmm... No sé... es mucho ¿Qué cuánto quiero pagar por ella? Setenta dirhams máximo. ¿Cien? Es demasiado, gracias. Setenta y cinco. ¿Noventa? Sigue siendo demasiado, no hay trato, shokran”. El humo no dejaba ver adentro pero me dijo que confiara, que era el lugar donde se comía el mejor cous-cous del lugar, además era viernes y los viernes se come cous-cous. Una mujer transpirada y con un delantal con manchas trajo con esfuerzo una fuente como para que comieran diez personas. Yo no podía creer que fuera sólo para nosotros dos. Habían huevos, zapallo, zanahorias, ciruelas, papa, repollo, almendras, batatas, carne de cordero; todo en el centro del volcán que formaba el amarillo cous-cous. Abderrafí tomó un poco con la mano y lo empezó a amasar sobre la palma con movimientos circulares de los dedos hasta que formó una bola y me la dio en la boca dándole un suave empujoncito con el pulgar. Fue un momento totalmente surrealista, todos comían esta delicia en las mesas aledañas y todos los hacían de la misma forma.
Amaneció, estoy atravesando el Gran Atlas por caminos serpenteantes, caseríos, rebaños de ovejas y un aire fresco que me permitía volver a respirar después del calor intenso de Marrakech. El auto avanzaba lentamente, Rafi iba adelante junto al chofer, yo iba sentada atrás junto a dos campesinos; atravesamos una curva y el panorama cambió de verde exuberante a rojo desértico. La vegetación desapareció y el aire se volvió más tibio. El auto se detuvo al lado de un caserío que pendía del barranco. “Acá comemos”, dijo el chofer. Tres cabritos colgaban de un gancho, un hombre sombrío descolgó uno y lo trozó con un hacha para luego pesarlo y ponerlo en las brasas. Llovía a cántaros, se respiraba ese olor típico a tierra húmeda mezclado con el olor que salía de la pequeña parrilla. La vida en estos lugares pasa como si el tiempo no contara, todo trascurre a una velocidad diferente a la acostumbrada por nosotros. Seguía lloviendo y las pocas personas que lo presenciaban lo hacían sin prisas. De pronto sonó el llamado a la oración, tan fuerte que seguramente se escuchaba a muchos kilómetros a la redonda; sin embargo nadie se inmutó. Sólo uno de los campesinos interrumpió su comida, trajo del auto una alfombra pequeña que dirigió hacia la meca bajo la lluvia; luego empezó a orar ante mi mirada curiosa.
La lluvia no cesaba, el chofer nos miró y nos dijo que así no iba a seguir y que se quedaba ahí. Saqué mi mochila del baúl del auto y Rafi me imitó. Caminamos bajo la lluvia casi una hora hasta que paró y el sol salió con fuerza. Andando con la vista perdida en el infinito sólo se percibe un interminable lienzo rojo; pero al hacer foco de repente descubrí un universo escondido, camuflado en la montaña. Eran grupos de casitas de adobe color punzó en las laderas que se escondían de las miradas intrusas, yo no podía creer que allí viviera gente. Nos acercamos, un hombre muy delgado estaba sentado sobre una piedra junto a cuatro camellos. Cinco minutos más tarde yo estaba subiéndome a uno por primera vez en mi vida. Fue una experiencia harto bizarra porque para pararse primero se va para adelante, luego para atrás y después recién se estabiliza; así que es mejor agarrase bien.
Con un andar amortiguado y con una panorámica de película me dejé cautivar por un desierto vasto, desolador ¡el Sahara! En esa inmensidad tenía una sensación de insignificancia absoluta. Perdiendo la mirada en el infinito era fácil visualizar las caravanas de nómades atravesándolo, avanzando lentamente bajo el sol ardiente. De pronto Rafi me grita “¡Un oasis!”, era un manchón verde exuberante en el medio de la nada. El camello empezó a correr en esa dirección pero de pronto, se levantó una tormenta de arena, el horizonte se perdió en una cortina amarilla y ya no era posible ver el oasis. Al instante la arena me envolvió, empecé a ahogarme, no podía respirar y me caí.
Desperté de golpe, ¡en el avión! Estaba confundida, ¿sólo había sido un sueño?
29.8.06
Domingo en Purmamarca

¿Cuándo te das cuenta de que llegaste a la puna?
Cuando bajás y sentís el viento frío y seco, con gusto a tierra rosa y con olor árido.
Cuando el sol implacable te obliga a fruncir el ceño y las partículas de polvo suspendidas en la atmósfera te obligan a cerrar los ojos en cada ráfaga de viento.
Cuando respirás profundo y sentís que el aire que entra es el más puro que te acordás.
Cuando caminas despacito, arrastrando un poco los pies, por calles angostas de casas chatas de adobe bajo el cielo absolutamente azul.
Cuando de pronto te invaden los colores de los puestos de la plaza, y sentis la diferencia entre la lana de llama y la de oveja.
Cuando ves cerros de todos los colores imaginables, superpuestos, imponentes.
Cuando comés empanadas de queso y después picante de pollo y después quesillo con cayote, y no seguís porque ya no podés.
27.7.06
¿Hará falta terapia?

- no, hasta ahora nunca hice terapia, de la profesional digo.
- ¿quizás algún día...?
- me da curiosidad de ir a ver que onda, pero no se si es cuestión de andar regalando el dinero sólo por ver que onda, no te parece?
- mmm... además con la terapia siempre hay riesgo... ¿y si te abren el bocho y se te vuelan los pájaros?
- ¿yo tendré pájaros?
- ¿mariposas?
- ¿las mariposas no viven en la panza?
- será...
- ¿Y si me abren el bocho y sólo sale humito?¡que decepción! Uno esperando las mariposas, los pájaros, el arco iris... ¿y? ¿¡¡¡Humo!!!?
- Incienso
- Encima con olor a iglesia
- Podría ser peor...
- Entonces mirás al terapeuta y les decís: “¿nada?” y te dice... “esperá que me fijo, capaz que no se animan a salir”, y mira y te dice “no che... vacío!”
- y si fumiga? para que salgan...
- ya miró está vacío
- lo bueno es que podes llenarlo después
- optimista! bueno, me encanto la idea.
- siempre hay lugar para poner algo
- ¿entra todo lo que uno quiere?
- si se quiere se puede
- bien entonces.... como me hubiera gustado que haya mariposas, pondría un par, una de color fucsia y otra azul...
- habría que empezar por los colores, olores y música que gusta
- bien, necesito verde, porque en otra vida fui lechuga
- lo tapizas de verde
- no está mal, porque además el verde tiene propiedades relajantes y entonces tendría una cabeza relajada que está bueno
- no la tenés ahora?
- a veces sí a veces no
- piensa demasiado...
- la mayoría del tiempo labura, sueña, analiza, pero también crea, idealiza, se pelea...
- ¡vive! it's alive!!!!
- ¡qué bueno saberlo!
- ¿seguimos, te ayudo?
- dale, le pondría un remolino, de esos que soplas y giran
- yo le pondría una ventana para poder ver hacia afuera cuando el paisaje lo merece
- pero sería como la ventana del ático porque es más linda
- por supuesto
- con vitraux que funcionan como caleidoscopios, cambiando de colores constantemente
- me encantan los caleidoscopios
- me encantan los vitraux
- a mí también, que más...
- pondría un llamador de ángeles de caña, me gusta como suenan
- uhhhh buenísimo, yo tenia uno... che podría pasar un arroyito en una de las esquinas, porque es lindo el sonido del agua
- bueno, con agua clarita y fresca para que cuando se caliente el bocho pueda mojar las patitas
- y si es posible hacia los costados plantitas de fresias
- y tulipanes y margaritas y calas?
- si, muchas flores
- y que de noche se puedan ver la estrellas como se ven en el norte y que se vean pasar estrellas fugaces y se pueda pedir deseos
- sé que la capota esta tomando un tono bizarro, pero me gustaría que llueva de vez en cuando porque me gusta el olor cuando llueve
- y ver llover desde la ventana, muy cómodamente en un sillón blandito y protegedor
- sí sí, que tenga una mantita por si refresca
- relajarse, cerrar los ojos y quedarse dormido...
- y soñar cosas lindas
- despertarte con caricias
- ¿de mariposas?
- ¡claro! la de color fucsia








