27.12.06

Calle melancolía


Como quien viaja a lomos de una yegua sombría,
por la ciudad camino, no preguntéis a dónde.
Busco acaso un encuentro que me ilumine el día,
y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden.
Las chimeneas vierten su vómito de humo
a un cielo cada vez más lejano y más alto.
Por las paredes ocres se desparrama el zumo
de una fruta de sangre crecida en el asfalto.
Ya el campo estará verde, debe ser primavera,
cruza por mi mirada un tren interminable,
el barrio donde habito no es ninguna pradera,
desolado paisaje de antenas y de cables.
Vivo en el númeor siete, calle Melancolía.
Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría.
Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía
y en la escalera me siento a silbar mi melodía.
Como quien viaja a bordo de un barco enloquecido,
que viene de la noche y va a ninguna parte,
así mis pies descienden la cuesta del olvido,
fatigados de tanto andar sin encontrarte.
Luego, de vuelta a casa, enciendo un cigarrillo,
ordeno mis papeles, resuelvo un crucigrama;
me enfado con las sombras que pueblan los pasillos
y me abrazo a la ausencia que dejas en mi cama.
Trepo por tu recuerdo como una enredadera
que no encuentra ventanas donde agarrarse,
soy esa absurda epidemia que sufren las aceras,
si quieres encontrarme, ya sabes dónde estoy.
Vivo en el númeor siete, calle Melancolía.
Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría.
Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía
y en la escalera me siento a silbar mi melodía.
Joaquín Sabina

22.12.06

Un mimo de nuestro vecino poeta

A Lorena, Laura y Celeste:
la quinta pata de la mesa,
la quinta pata de algún gato,
aunque no se haga ningún trato
lo mismo la Naturaleza
le pone fin al celibato
o a la comida de una alteza.

Hay una sola moraleja:
se toma Terma o se la deja.
(lo mismo la Naturaleza
en esta calle Lavalleja
les dice: "Muy feliz provecho
aunque todo esté mal hecho.)

Julio Requena

12.12.06

¿Te gustaría comprar arte?


"Mercado, un paraíso abierto a todo el mundo, un mundo de tentaciones honestas, deliciosas , siempre renovadas y a menudo sorprendentes... algo así como la vida."

Como en todo mercado, en éste hay de todo: talento, creatividad, energía, magia. Obras minúsculas, otras no tanto, obras de pequeño y mediano formato. Pintura, escultura, dibujo, fotografía, objetos, cerámica, resina, orfebrería. Instalaciones, intervenciones teatrales, música en vivo, gastronomía.

más info en: www.mercadonegrodearte.blogspot.com

3.10.06

Atentado contra la burguesía

Internacional - 29.09.2006 - 20:02
El Frente de Liberación de los Enanos de Jardín atacó una vez más en el centro de Francia.


La organización, que secuestra los clásicos gnomos de yeso para liberarlos de "los jardincitos de las clases altas", depositó casi un centenar de réplicas en el patio de un colegio. La policía confirmó que, por el modus operandi, se trató de una nueva ofensiva de la agrupación. Las estatuas fueron secuestradas en los jardines de Francia por un comando.

El patio del colegio Ventadour, en Limoges, al centro de Francia, apareció el martes con casi noventa enanos de jardín apostados en su predio. La policía local informó que la escena se trata de una nueva acción del Frente de Liberación de los Enanos de Jardín (FLEJ), organización que se adjudicó el singular atentado.

Las pequeñas estatuas, 86 en total, fueron secuestradas de varios jardines de esa localidad y también otras comunidades vecinas, por los miembros del Frente. La organización reivindicó su acción en una carta depositada junto a las estatuas donde figura también las direcciones de las cuales fueron capturadas.

De esta manera, los miembros de la peculiar organización permitirán a los dueños de los enanos reclamarlos en la comisaría de Limoges. El FLEJ ya se adjudicó otros atentados de estas características. Se trata de una organización que lucha por la liberación de los enanos de jardín, a los que –argumentan– se priva de la libertad para adornar “los jardincitos de las clases altas, de personas que han copiado el modo de vida europeo y la forma de adornar el jardín con esa reprobable acción de colocar enanos, de igual manera copiamos nosotros la idea de liberar a nuestros amigos: los enanos de jardín”.

14.9.06

RR con RR

RR con RR guitarra
RR con RR carril
que rápido ruedan
las ruedas del ferrocarril.

5.9.06

EL MATE QUE TOMAMOS JUNTOS


De Lalo Mir

El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca. Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed. Es más bien una costumbre, como rascarse. El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.

Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es hola" y la segunda "¿unos mates?". Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres. Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros. Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan.

Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara. Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar. En verano y en invierno. Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos y los malos.

Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo. Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.

Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza: "¿Dulce o amargo?". El otro responde: "Como tomes vos".

Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba.

La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da. La yerba no se le niega a nadie.

Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular. Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres. Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos. No es casualidad. No es porque sí. El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma. O está muerto de miedo, o está muerto de amor, o algo: pero no es un día cualquiera. Ninguno de nosotros nos acordamos del día en que tomamos por primera vez un mate solo. Pero debe haber sido un día importante para cada uno. Por adentro hay revoluciones.

El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores... Es la solidaridad de bancar esos! mates lavados porque la charla es buena. La charla, no el mate. Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá la yerba!". Es el compañerismo hecho momento. Es la sensibilidad al agua hirviendo. Es el cariño para preguntar, estúpidamente, "¿está caliente, no?". Es la modestia de quien ceba el mejor mate. Es la generosidad de dar hasta el final. Es la hospitalidad de la invitación. Es la justicia de uno por uno. Es la obligación de decir "gracias", al menos una vez al día. Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir.

1.9.06

Siguiendo un par de babuches amarillos


La primera sensación al bajar del avión fue estar en algún país latinoamericano, el aire era cálido, seco, el sol estaba en el cenit, yo estaba ansiosa. En el hall del aeropuerto me gustó el espectáculo: techos tallados en madera, paredes recubiertas de cerámica, retratos del rey Mohamed VI, beréberes que iban, árabes que volvían, mujeres con velo, mujeres con escotes; europeos apurados, negros coloridos; lágrimas, recibimientos, cuatro besos para cada uno...

Me bajé del taxi e ingresé a un cuento de “Las mil y una noches”. Llegué a un gran hall en penumbras. A los lados, grandes tapices colgados de los muros, alfombras de diferentes tamaños, colores y texturas, apiladas o bien enrolladas en los rincones. Un hombre moreno se acercó y me habló en árabe, le respondí en francés que tenía una reserva; se marchó y volvió con una gran llave. La luz se colaba tímidamente por los vitreaux superiores, caminamos tranquilamente hacia el fondo del salón, y atravesamos un verdadero laberinto no apto para novatos; tuvimos que enroscarnos en estrechas escaleras, recorrer pasillos y cargados salones, volver a subir escaleras; pero finalmente al llegar a mi habitación quedé fascinada por el trabajo de los mejores artesanos del mundo: los marroquíes.

Traspasé la puerta y empecé a caminar por apretados pasajes, entre el gentío que se agolpa, que se mueve, que hace latir la vida al interior de la medina más antigua del mundo musulmán, la de Fez. Curioseando, con ojos gigantes que no alcanzan a asimilar todo; uno se pregunta cómo hacen para convivir 35.000 personas en un espacio tan reducido. Los recovecos invitan, las puertas seducen, los zocos ostentan; el escenario es voluptuoso, con olores intensos, con gente intensa que grita, canta, negocia... vive. Y hay que ir atento, a los burros cargados que te rozan porque no hay espacio suficiente para ambos, a los hombres con fardos más grandes que ellos mismos. Atento a no perder el rumbo, perderse uno, perderse los detalles, los instantes, los rostros; porque a pesar de que ese lugar lleva ahí cientos de años, cada expresión, cada paso que se da en el interior de ese universo fuera del tiempo, es efímero.

Como hipnotizada, me encontré siguiendo a un par de babuches amarillos bajo una túnica blanca. El sol del mediodía me obligaba a fruncir el seño. El aire cambió y empecé a sentir el sonido del viento. Lo seguí por un sendero con aroma a campo entre árboles de argán. De pronto se sintió un violín, luego un tambor que lo acompañaba, una pandereta y más tambores y más violines... Alguien empezó a cantar, era una voz masculina, todos le respondieron. El ritmo era atrapante, eran todos hombres sentados en ronda, como abstraídos en otro mundo. El repique de los tambores era cada vez más intenso, algunos se pararon y empezaron a bailar tomados de las manos, uno al lado del otro, balanceándose mientras cantaban. Me saqué las sandalias y me inserté en su cosmos, me tomaron de las manos y también bailé. En ese momento Alá estaba entre nosotros, también bailando, porque todos lo invocaban, porque era una fiesta en su honor, porque era el inicio del verano y había que festejarlo. Seguíamos balanceándonos de un lado a otro, luego los tambores cesaron y nos quedamos con una energía en las manos capaz de mover el mundo. Me calcé nuevamente y con el espíritu contento busqué un lugar en las alfombras que cubrían el pasto y me senté entre robustos almohadones.

Una mano se me acercó ofreciéndome un vaso de té a la menta, levanté la vista y lo vi; me llamaron poderosamente la atención sus ojos negros penetrantes entre pestañas larguísimas y arqueadas. Acepté el vaso y se sentó a mi lado diciendo “Soy Abderrafi, encantado”. Le sonreí y empezamos a charlar; era productor de vino gris. “¿Vino gris?”, le pregunté. “Sí es el único lugar en el mundo donde se produce, es entre un blanco y un rosado”, me dijo “te va a encantar, tenés que probarlo”. Era el comienzo del atardecer, la luz se volvía naranja y el aire más fresco, me sentía relajada y me dormí.

Desperté en un acogedor carro tirado a caballo, Abderrafi venía sentado al frente, no sé cuanto tiempo pasó ni en que momento llegamos a Marrakech. El carro se detuvo en la plaza Bahr el Fna, bajé y él me siguió. La gente pululaba entre encantadores de serpientes, adivinas, monos danzarines y carros de comida. Una mujer totalmente cubierta se me acercó y me ofreció un tatuaje en henna, sólo se le veían los ojos cuidadosamente pintados con khol que le daban un halo de misterio. Su mirada me había dejado perpleja, cuántos secretos guardaría, cuánto sabría de la vida... un escalofrío me recorrió la espalda. Busqué a Rafi entre la gente, lo vi en la entrada del mercado, caminé hacia él, “tengo hambre”, le dije. Me tomó de la mano e ingresamos. Pasaba de una sensación a otra, los colores me atrapaban, los olores condensados en la penumbra de los zocos me hechizaban, yo iba fascinada tratando de adivinar como era la vida de esas personas. Rafi se movía con la destreza de quien pasó toda su vida en ese entorno, yo quería entrar y ver, charlar, negociar y partir de nuevo. “¿Cuánto cuesta esa chicha? Mmm... No sé... es mucho ¿Qué cuánto quiero pagar por ella? Setenta dirhams máximo. ¿Cien? Es demasiado, gracias. Setenta y cinco. ¿Noventa? Sigue siendo demasiado, no hay trato, shokran”. El humo no dejaba ver adentro pero me dijo que confiara, que era el lugar donde se comía el mejor cous-cous del lugar, además era viernes y los viernes se come cous-cous. Una mujer transpirada y con un delantal con manchas trajo con esfuerzo una fuente como para que comieran diez personas. Yo no podía creer que fuera sólo para nosotros dos. Habían huevos, zapallo, zanahorias, ciruelas, papa, repollo, almendras, batatas, carne de cordero; todo en el centro del volcán que formaba el amarillo cous-cous. Abderrafí tomó un poco con la mano y lo empezó a amasar sobre la palma con movimientos circulares de los dedos hasta que formó una bola y me la dio en la boca dándole un suave empujoncito con el pulgar. Fue un momento totalmente surrealista, todos comían esta delicia en las mesas aledañas y todos los hacían de la misma forma.

Amaneció, estoy atravesando el Gran Atlas por caminos serpenteantes, caseríos, rebaños de ovejas y un aire fresco que me permitía volver a respirar después del calor intenso de Marrakech. El auto avanzaba lentamente, Rafi iba adelante junto al chofer, yo iba sentada atrás junto a dos campesinos; atravesamos una curva y el panorama cambió de verde exuberante a rojo desértico. La vegetación desapareció y el aire se volvió más tibio. El auto se detuvo al lado de un caserío que pendía del barranco. “Acá comemos”, dijo el chofer. Tres cabritos colgaban de un gancho, un hombre sombrío descolgó uno y lo trozó con un hacha para luego pesarlo y ponerlo en las brasas. Llovía a cántaros, se respiraba ese olor típico a tierra húmeda mezclado con el olor que salía de la pequeña parrilla. La vida en estos lugares pasa como si el tiempo no contara, todo trascurre a una velocidad diferente a la acostumbrada por nosotros. Seguía lloviendo y las pocas personas que lo presenciaban lo hacían sin prisas. De pronto sonó el llamado a la oración, tan fuerte que seguramente se escuchaba a muchos kilómetros a la redonda; sin embargo nadie se inmutó. Sólo uno de los campesinos interrumpió su comida, trajo del auto una alfombra pequeña que dirigió hacia la meca bajo la lluvia; luego empezó a orar ante mi mirada curiosa.

La lluvia no cesaba, el chofer nos miró y nos dijo que así no iba a seguir y que se quedaba ahí. Saqué mi mochila del baúl del auto y Rafi me imitó. Caminamos bajo la lluvia casi una hora hasta que paró y el sol salió con fuerza. Andando con la vista perdida en el infinito sólo se percibe un interminable lienzo rojo; pero al hacer foco de repente descubrí un universo escondido, camuflado en la montaña. Eran grupos de casitas de adobe color punzó en las laderas que se escondían de las miradas intrusas, yo no podía creer que allí viviera gente. Nos acercamos, un hombre muy delgado estaba sentado sobre una piedra junto a cuatro camellos. Cinco minutos más tarde yo estaba subiéndome a uno por primera vez en mi vida. Fue una experiencia harto bizarra porque para pararse primero se va para adelante, luego para atrás y después recién se estabiliza; así que es mejor agarrase bien.

Con un andar amortiguado y con una panorámica de película me dejé cautivar por un desierto vasto, desolador ¡el Sahara! En esa inmensidad tenía una sensación de insignificancia absoluta. Perdiendo la mirada en el infinito era fácil visualizar las caravanas de nómades atravesándolo, avanzando lentamente bajo el sol ardiente. De pronto Rafi me grita “¡Un oasis!”, era un manchón verde exuberante en el medio de la nada. El camello empezó a correr en esa dirección pero de pronto, se levantó una tormenta de arena, el horizonte se perdió en una cortina amarilla y ya no era posible ver el oasis. Al instante la arena me envolvió, empecé a ahogarme, no podía respirar y me caí.

Desperté de golpe, ¡en el avión! Estaba confundida, ¿sólo había sido un sueño?

29.8.06

Domingo en Purmamarca


¿Cuándo te das cuenta de que llegaste a la puna?
Cuando bajás y sentís el viento frío y seco, con gusto a tierra rosa y con olor árido.
Cuando el sol implacable te obliga a fruncir el ceño y las partículas de polvo suspendidas en la atmósfera te obligan a cerrar los ojos en cada ráfaga de viento.
Cuando respirás profundo y sentís que el aire que entra es el más puro que te acordás.
Cuando caminas despacito, arrastrando un poco los pies, por calles angostas de casas chatas de adobe bajo el cielo absolutamente azul.
Cuando de pronto te invaden los colores de los puestos de la plaza, y sentis la diferencia entre la lana de llama y la de oveja.
Cuando ves cerros de todos los colores imaginables, superpuestos, imponentes.
Cuando comés empanadas de queso y después picante de pollo y después quesillo con cayote, y no seguís porque ya no podés.

27.7.06

¿Hará falta terapia?


- ¿Te psicoanalizas?
- no, hasta ahora nunca hice terapia, de la profesional digo.
- ¿quizás algún día...?
- me da curiosidad de ir a ver que onda, pero no se si es cuestión de andar regalando el dinero sólo por ver que onda, no te parece?
- mmm... además con la terapia siempre hay riesgo... ¿y si te abren el bocho y se te vuelan los pájaros?
- ¿yo tendré pájaros?
- ¿mariposas?
- ¿las mariposas no viven en la panza?
- será...
- ¿Y si me abren el bocho y sólo sale humito?¡que decepción! Uno esperando las mariposas, los pájaros, el arco iris... ¿y? ¿¡¡¡Humo!!!?
- Incienso
- Encima con olor a iglesia
- Podría ser peor...
- Entonces mirás al terapeuta y les decís: “¿nada?” y te dice... “esperá que me fijo, capaz que no se animan a salir”, y mira y te dice “no che... vacío!”
- y si fumiga? para que salgan...
- ya miró está vacío
- lo bueno es que podes llenarlo después
- optimista! bueno, me encanto la idea.
- siempre hay lugar para poner algo
- ¿entra todo lo que uno quiere?
- si se quiere se puede
- bien entonces.... como me hubiera gustado que haya mariposas, pondría un par, una de color fucsia y otra azul...
- habría que empezar por los colores, olores y música que gusta
- bien, necesito verde, porque en otra vida fui lechuga
- lo tapizas de verde
- no está mal, porque además el verde tiene propiedades relajantes y entonces tendría una cabeza relajada que está bueno
- no la tenés ahora?
- a veces sí a veces no
- piensa demasiado...
- la mayoría del tiempo labura, sueña, analiza, pero también crea, idealiza, se pelea...
- ¡vive! it's alive!!!!
- ¡qué bueno saberlo!
- ¿seguimos, te ayudo?
- dale, le pondría un remolino, de esos que soplas y giran
- yo le pondría una ventana para poder ver hacia afuera cuando el paisaje lo merece
- pero sería como la ventana del ático porque es más linda
- por supuesto
- con vitraux que funcionan como caleidoscopios, cambiando de colores constantemente
- me encantan los caleidoscopios
- me encantan los vitraux
- a mí también, que más...
- pondría un llamador de ángeles de caña, me gusta como suenan
- uhhhh buenísimo, yo tenia uno... che podría pasar un arroyito en una de las esquinas, porque es lindo el sonido del agua
- bueno, con agua clarita y fresca para que cuando se caliente el bocho pueda mojar las patitas
- y si es posible hacia los costados plantitas de fresias
- y tulipanes y margaritas y calas?
- si, muchas flores
- y que de noche se puedan ver la estrellas como se ven en el norte y que se vean pasar estrellas fugaces y se pueda pedir deseos
- sé que la capota esta tomando un tono bizarro, pero me gustaría que llueva de vez en cuando porque me gusta el olor cuando llueve
- y ver llover desde la ventana, muy cómodamente en un sillón blandito y protegedor
- sí sí, que tenga una mantita por si refresca
- relajarse, cerrar los ojos y quedarse dormido...
- y soñar cosas lindas
- despertarte con caricias
- ¿de mariposas?
- ¡claro! la de color fucsia

30.6.06

De museo en museo


Berlin, viernes 30 de junio 2006
La semana fue destinada a conocer berlin, asi que nos la pasamos de museo en museo y de lugar recomendado en lugar recomendado hasta agotar las energias. Tuvimos un poco de holocausto, un poco de arte clásico, otro poco de contemporáneo, un montón de consagrados como Picasso, Klee, Matisse, un montón de ruinas griegas, romanas, egipcias, babilonias, que uno no deberia en principio poder ver acá.... pero que, tratando de dejar las ideologías de lado, disfruté enormemente.
Hoy es el partido argentina-alemania acá en berlin uhhhhh!!!! asi que desde ya estoy con mi camisetita puesta y voy a ver la forma de llegar al camion de quilmes como para sentirme un poco más contenida, que momento!

A los lados del muro


Berlin, lunes 26 de junio 2006

Fuimos a lo que queda del muro de Berlin. Caminando a lo largo de la pared trataba de imaginarme como era la vida a ambos lados. Si miras para arriba no resulta tan alto, por eso me imagino que todas esas personas que intentaron pasar no sentían que era tan imposible. De solo pensar que fueron 30 anos de aislamiento me pone la piel de gallina, porque seguramente yo atrapada en ese lugar hubiera estadao todo el tiempo mirando hacia afuera, tratando de salir, pensando en todo lo que me estaba perdiendo.

Y cuando cruzas el puente (ex puesto fronterizo yanqui) y empezas a caminar al interior de la otra ciudad, realmente se nota la diferencia que hay entre berlin este y oeste. Mucho más antigua, un poco más gris, llena de negocios turcos, de gente que habla en turco sentada en la vereda, pero igualmente pintoresco y con esa onda de que hay gente comun que vive ahi, que suena con tener una vida mejor lejos de casa, o mejor dicho en su nueva casa.

27.6.06

Remen! Remen!


Berlin, domingo 25 de junio 2006
Desayuno dominguero, con ensalada de frutas, cara de sueno, té traído de la china literalmente y mermelada de frambuesas.

Karin vino a buscarnos, la propuesta? ir al club, tomar un bote (de esos que hay que remar sincronizados, vio?) y remar hasta la isla del frente, sacarse las zapas, nadar un rato, tomar solcito y volver, obviamente, remando. Mi primera experiencia remadora finalmente no fue tan catastrofica y aunque hubo más de una perdida de ritmo y de remo, finalmente llegamos a destino. La tarde fue espectacular. Volvimos con el tiempo justo para banarnos rapidamente e irnos a un casorio. Se casaban unos jovenes de unos 50 pirulos, comimos como desaforados, bailamos musica archi moderna y con los pies como empanadas nos volvimos.

26.6.06

En el pais del mundial


Berlin, domingo 25 de junio 2006
Que ciudad! como para enamorarse, quedarse y disfrutarla. Berlin me parece alucinante, amplia, moderna, luminosa, verde. Ya desde el avion nos llamo la atencion la cantidad de bosques que se veian dentro de la ciudad y en las afueras. Todo tiene un aire relajado, la gente es servicial al extremo, cosa que en absoluto nos imaginabamos y casi todo el mundo habla ingles, asi que por suerte nos hacemos entender.

Luego de algunos problemas de ubicacion finalmente logramos llegar a la estacion en que nos esperaba Robert. Obvio que no es porque yo sea despistada y salga siempre para el otro lado. El depto de nuestro amigo es muy de arquitecto, con una luz puesta en cada detalle a resaltar, plagado de objetos cool de viajes, muebles de diseno y todas esas cosas que nos gustan a los amantes de la estetica. Como llegamos nos fuimos a cenar a un resto de la esquina de su casa y comimos de lujo comida pedida por el porque no habia forma de entender la carta.

El viernes aprovechamos para dar una vuelta por la ciudad y hacer reconocimiento de terreno. Recorrimos avenidas, fuimos y volvimos en subtes y trenes, pasamos por monumentos historicos y terminamos en la puerta de Brandeburgo que es el acceso al megaparque cerrado que armaron con motivo del mundial. Cerraron una avenida y a lo largo de como 7 cuadras pusieron: dos pantallas gigantes de plasma por cuadra, stands, bares, negocios, juegos, etc. todo hasta llegar a la Columna de la Victoria. Habia un mundo de gente, shows en vivo y nos prometimos volver para ver el partido de Argentina. Cenamos con palitos en un restaurant chino con dos amigas de Robert, luego un par de copas y a dormir.

El sabado fue dia destinado al futbol, asi que tuvimos una continuada de partido de Alemania en un patio cervecero, cena tempranera y partimos con la Noe a ver el partido de Argentina en el centro. En el metro, un mexicano nos regalo una entrada para ver el partido en un estadio Adidas que construyeron para proyectar los partidos, asi que alli fuimos. Comodas, bien ubicadas, vimos el partidos en dos pantallas gigantes en medio de una muchedumbre de alemanes que gritaban me-xi-ko! me-xi-ko! los pobres fans de Argentina eramos solo unos cuantitos, pero igual nos la bancamos! Despues de dos horas de sufrimiento continuado y casi sin voz nos encaminamos a la estacion de metro mas cercana y justo cuando cruzabamos el puente que nos conectaba escuchamos reggae, jolgorio y algarabia y no nos quedo otra mas que bajar y sumarnos a la fiesta en un barcito a la vera del rio. Luego de un par de cervecitas y bailongo ya pudimos partir tranquilas.

19.6.06

La costa azul

Niza, miercoles 21 de junio 2006
La costa azul no me parecio tan linda como me esperaba. Hicimos base en Niza, en la casa de Marco, primo de Matt y desde ahi nos movimos. Marco y su novia Charlotte viven en un caos total y nos hacen acordar enormemente al Nico y la Nati.

El lunes fuimos a Monaco. Lo que me gusta de estas ciudades es que estan construidas sobre las montanas, entonces cuando llegas te encontras con una sucesion de casitas y edificios hacia arriba como un murallon, pero no violento y avasallante, sino mas bien que te contiene y te seduce. Monaco es mucho mas grande de lo que me imaginaba y la parte historica, donde esta el castillo, es un laberinto de callecitas simpaticas en una colina con vista espectacular. Algo que nos llamo la atencion es que todos son lindos, desde el policia hasta el barrendero, asi que fue un lindo deleite visual la estadia en el principado. Ah... al principe no lo vimos... ufa.

El martes toco Cannes, con tan buena fortuna que justo estaba el festival de publicidad. Asi que entramos a ver las graficas y no logre convencer al resto del equipo para ver el resto pero al menos me fui con una buena cantidad de grafica encima y deje mi mensaje de la quinta pata en el libro que van a editar. De ahi dimos unas vueltas por el puerto, que esta lleno de mega yates, veleros y barcos de todos los tipos. Estos europeos si que tienen plata eh? Sacamos nuestros boletos y nos fuimos en barquito a visitar la isla Santa Margarita donde estuvo preso el hombre de la mascara de hierro. La isla me parecio lindisima, con casitas que me hacian sentir en la peli "Divino Ned", con ese aire de lugar en donde la vida pasa tan tranquilamente que no hay tiempo de estresarse. El castillo no tenia nada de particular, icluso tenia mas pinta de fuerte militar que de otra cosa.

Hoy dormimos hasta tarde y despues de comer nos fuimos con la noe al museo de arte contemporaneo, taaaaannnn groso, obras de warhol, christo, etc, etc, etc entre otro monton de obras que decis "listo, lo vi, es solo un cuadrado negro". Despues de nuestra cuota cultural del dia nos adentramos en la parte antigua de la ciudad. De todas las cuidades que hemos visto la parte vieja es definitivamente la que me encanta. Llena de esas callecitas que nunca van en linea recta, con negocitos en los costados, mesas para dos que tientan a sentarse, ropa colgada en la cabeza de unas ventanitas minusculas, con persianas verde que se levantan en diagonal, paredes de colores, descascaradas, con bullicio y acento frances. Hicimos un merecido descanso en la playa sobre las piedras de canto rodado, porque arena no hay ni en figurita, con el mar de fondo color azul celeste; con el agua en los pies y solo en los pies porque estaba heladisima. Con las fuerzas repuestas segui por un rato largo perdiendome y encontrandome, escuchando grupos de musica porque hoy es la "Fete de la Musique" y tocan en todos lados, y me volvi por que a las 9 es el partido de Argentina.

Manana ya salimos a Berlin.

Bajo el sol de Toscana


Sabado 17 de junio 2006
Volver a Florencia despues de tanto tiempo me provoco un monton de sensaciones. El olor de la casa de Matt, la luz que entra por su cocina, el parque del frente, el Arno, la Piazza de Michelangelo de noche; el helado, la pasta, el vino del chianti; son esas cosas que uno guarda en algun lugar de la memoria y despues de un tiempo se olvida de que estan. Pero cuando resurgen, cuando volves a olerlas, sentirlas, tocarlas; te producen algo parecido a las mariposas en la panza que te obligan a disfrutar del momento. Y es lindo volver a un lugar y encontrar su gente y acordarse de los momentos vividos, Ioannis, la nonna, Sandra, Guy, Cecile; a los que se suma la gente que no conocias y que ahora tambien te gustan.

Comidas siempre abundantes, con copas que se vacian y se vuelven a llenar, con aceite de oliva italiano, con pomodori (que aca tienen otro gusto), con discusiones en todas las lenguas, mezcladas, italiano, frances, espanol, algo de griego porque no?, ingles para hacerse entender. Porque lo importante no es la lengua, lo importante son las impresiones de cada uno, las opiniones, las vivencias... y casi nadie habla espanol.

Hoy estamos en Cavriglia; el menu del dia fue asado (con cortes argentinos pedidos exclusivamente por Guy al carnicero del pueblo), en un jardin con aroma a jazmin, sumergidos en la toscana italiana. Todo el mundo deberia poder venir a la casa de Cavriglia, solo para entender de lo que hablo.

Manana, si el papa y dios nos levantan temprano; visita a "gli Uffici" y salimos para Francia.

Volviendo a la occidentalidad


Madrid, 14 de junio 2006
Madrid, muy al contrario de lo que me esperaba me parecio hermosa, llena de vida, amplia, tranquila, antigua, moderna, con todo. Aunque hay un factor que cambia mucho la forma de vivir una ciudad y es la gente que lo acompana a uno en esta aventura.
Nos quedamos en casa de Vicki y Pedro de Jujuy, asi que fue un poco como sentirse en casa. Mismos codigos, mismo idioma, misma comida y eso, creanme que despues de un mes de musulmanidad es una gran cosa.
El modo de conocer la ciudad esta vuelta fue muy diferente a los anteriores ya que, mas que trotamundos con mochila al hombro, guia y zapas comodas para caminar, caminar y caminar; nuestra visita fue mas bien azarosa, a donde alguna voluntad divina nos llevara. Casi siempre fueron bares los que nos brindaron asilo (no por nada dice Sabina que en Madrid hay mas bares que en toda Noruega). Buen vino, buenas charlas y sobre todo buena compania. Es cierto aue eramos un bandon: Noe, Gas, Matt, Pierre, Silvi, Pedro, Vicki y yo; y supongo que por eso la pasamos mas que bien juntos.
Los anfitriones fueron increibles porque, mas alla de estar invadidos por gente que casi no conocian (salvo las Pereyra) fueron super serviciales y nos mimaron y sobre todo nos aguantaron, gracias! Luego, encontrar a mi hermana en estas condiciones en el otro lado del mundo y despues de un mes de ausencia fue, como siempre un placer; y se lo agradezco a mi madre que propulso que hicieramos esto juntas. Con Matteo es mas o menos lo mismo porque es de esas personas que aunque pase mucho tiempo sin vernos el reencuentro es natural, como si el tiempo no hubiera pasado; y lo bueno es que esta vez no vino solo sino con Pierre (su primo) al cual no veia hace tantisimo y que es un personaje muy particular.
Y como todo lo bueno dura poco, se acabo y partimos con la mitad del team a la bella Florencia. El Gas pqrtio triste con la Silvi y nos dejo con todas las ganas de seguir el viaje con el, pauvre petit lapin!

13.6.06

Se acabó




Royal Air Maroc, domingo 11 de junio 2006
A 192 km aéreos de Madrid tengo un mar de sentimientos encontrados, la alegría de todos las experiencias vividas en suelo marroquí se mezclan con la tristeza del fin. De este mes me queda el sabor a cilantro, el olor a té a la menta y a cuero de babuchas, los atardeceres en el mar, el juego de naranjas a la mañana, el cariño de la gente cercana, las miradas penetrantes. Fueron tantas las imágenes y las vivencias que todavía cuesta asimilarlas. Lo más increíble de estos viajes es que uno baja sus barreras y se permite que la sensibilidad aflore para que cada momento sea intenso; y debe ser por eso que se generan lazos afectivos con determinadas personas que a uno lo parten al medio.

Aterrizamos empieza la segunda etapa.